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El turno de palabra y el silencio que no molesta
Lo que descoloca a Javier es real y tiene nombre en la literatura sobre comunicación intercultural: las culturas se reparten entre las que solapan el turno de palabra y las que lo respetan con pausa. El español conversacional pertenece al primer grupo — interrumpir, completar la frase del otro y hablar encima no se considera grosero sino señal de interés y de que estás siguiendo la conversación. El inglés canadiense pertenece al segundo: se espera a que la otra persona termine, se deja un pequeño hueco, y solo entonces se habla. Para un recién llegado esto produce dos efectos incómodos. El primero es que parece que nadie se interesa por lo que dices, porque nadie interviene mientras hablas. El segundo, más práctico, es que si esperas a que haya un silencio claro para intervenir, en una reunión con canadienses puede que llegue tarde — y si aplicas el hábito español, quedas como alguien que atropella a los demás. El punto medio funciona bien: esperar a que la otra persona termine la frase, y usar fórmulas de entrada que en Canadá son casi obligatorias. Can I jump in here?, Just to build on that, Sorry, can I add something? Son frases que suenan formales traducidas al español pero que allí son el equivalente neutro de carraspear. Hay un detalle más que conviene saber: el silencio de dos o tres segundos después de que alguien habla no es incomodidad, es cortesía — indica que estás considerando lo dicho. Llenarlo enseguida puede leerse como que no estabas escuchando, solo esperando tu turno. Priya tardó seis meses en acostumbrarse a esos silencios, y es una cifra realista.