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Cómo se entra en Canadá
La historia de Javier —una oferta de trabajo que llega de madrugada y una solicitud enviada sin pensarlo— es más verosímil de lo que parece, porque Canadá tiene un sistema de inmigración económica que funciona por puntos y que premia exactamente su perfil. El mecanismo principal para trabajadores cualificados se llama Express Entry: se crea un perfil, se recibe una puntuación calculada sobre edad, estudios, experiencia laboral y, muy especialmente, nivel de idioma, y periódicamente el Gobierno invita a solicitar la residencia permanente a quienes superan cierto umbral. Lo llamativo para quien viene de un país hispanohablante es el peso del inglés y del francés: la prueba de idioma es obligatoria, se puntúa por bandas, y subir un nivel puede valer más puntos que un año entero de experiencia. Hay dos detalles que conviene conocer. El primero es que el francés da puntos adicionales considerables, incluso fuera de Quebec, y que quien ya habla español suele aprenderlo con relativa facilidad — es una de las palancas más rentables del sistema. El segundo es que existen vías provinciales, los Provincial Nominee Programs, por las que una provincia concreta puede nominar a alguien cuyo oficio necesita; a veces exigen menos puntos que la vía federal, pero te comprometen a instalarte allí. Más allá del trámite, hay una diferencia cultural que sorprende. En Canadá ser inmigrante no es un estado transitorio ni algo que se disimule: la residencia permanente conduce a la ciudadanía en unos años, el discurso público asume que quien llega se queda, y preguntar por el proceso en el trabajo es tan normal como hablar del alquiler. Nadie se extrañará si cuentas tu historia como la cuenta Javier, ni si resulta que empezó con un anuncio a las dos de la mañana.