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¿Qué inglés conviene aprender?
A estas alturas del curso has visto normas distintas de un país a otro, y es razonable preguntarse cuál de todos los ingleses conviene aprender. La respuesta corta es que no hay que elegir tanto como parece. Las diferencias entre el inglés británico, el americano, el canadiense, el irlandés y el australiano son muchísimo menores que las que hay entre el español de Madrid y el de Buenos Aires, y nadie va a dejar de entenderte por decir lift en lugar de elevator. Ninguna variedad es más correcta que otra, y los exámenes internacionales —Cambridge, IELTS, TOEFL— aceptan cualquiera siempre que seas coherente contigo mismo. La coherencia es justamente el consejo práctico. Elige una ortografía y mantenla: colour o color, pero no las dos en el mismo texto. Elige un vocabulario de referencia y acepta que entenderás los demás sin usarlos. Y sobre todo, no persigas un acento. La pronunciación que hay que trabajar no es la que imita a un nativo concreto, sino la que te hace inteligible: los sonidos que el español no tiene y que cambian el significado — la distinción entre ship y sheep, la th, la s inicial de Spain sin esa e delante, las terminaciones en -ed. Con eso resuelto, tu acento español no es un defecto sino información sobre ti, exactamente igual que el de un escocés o un texano. Hay un último dato que quita presión. La mayoría de las conversaciones en inglés que tendrás en tu vida no serán con nativos, sino con otros hablantes de inglés como segunda lengua: un alemán, una coreana, un brasileño. El inglés es hoy sobre todo una lengua franca, y en ese terreno lo que se premia es la claridad, no la imitación.