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Australia: no destaques demasiado
Merece la pena contrastar lo que viste en la lección 65 —en una entrevista canadiense o estadounidense se espera que reclames tus logros en primera persona— con lo que ocurre en Australia, porque es casi lo contrario y pilla desprevenido a mucha gente. Los australianos tienen una expresión para ello: tall poppy syndrome, el síndrome de la amapola alta, que describe la tendencia social a cortarle la cabeza a quien sobresale demasiado. Presumir abiertamente de los propios éxitos se considera de mal gusto, y la manera aceptable de hablar de lo que has conseguido es restarle importancia: quitarte mérito, atribuírselo al equipo, meter una broma a tu costa. Quien llega de Estados Unidos con el discurso de ventas personal bien ensayado suele producir incomodidad sin entender por qué. Eso convive con una informalidad que sorprende en la otra dirección. Se tutea a todo el mundo desde el primer minuto, se llama por el nombre de pila al director general, y el registro habitual en el trabajo es mucho más relajado que en Reino Unido. El inglés australiano acorta todo lo que puede —afternoon es arvo, barbecue es barbie, breakfast es brekkie— y usa mate constantemente, con hombres y con mujeres. Un no directo, en cambio, es raro: yeah, nah significa no, y that's not too bad suele significar que algo está muy bien. El Reino Unido comparte parte de esta incomodidad con la autopromoción y la lleva a otro terreno, el del understatement: describir un desastre como a bit of a problem o una idea excelente como not bad at all. Para un hispanohablante, acostumbrado a que el énfasis se diga con énfasis, el ajuste está en aprender a leer lo que no se dice — y, en Australia, a contar lo que has hecho sin parecer que te lo estás contando a ti mismo.