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Irse a casa a su hora
Que Dana mande a Javier a casa no es solo simpatía: responde a una idea del trabajo bastante extendida en Canadá y que suele chocar a quien llega de una cultura laboral de presencia. Quedarse hasta tarde de forma habitual no se lee como compromiso, sino como señal de que algo va mal — o tienes demasiado trabajo, y eso es problema de organización, o no estás rindiendo en tu horario, y eso también. El horario típico de oficina va de nueve a cinco, y a las cinco y cuarto muchas plantas están medio vacías sin que nadie lo comente. Hay dos consecuencias prácticas. La primera es que las reuniones se concentran en horas centrales y proponer una a las seis de la tarde se considera una falta de consideración, no un signo de entrega. La segunda es que el almuerzo dura poco: media hora, muchas veces delante del ordenador o en una sala común, y no se parece nada a la comida larga de España. Cenar a las seis de la tarde es normal, y un restaurante puede empezar a recoger a las nueve. Lo que sí existe es el correo fuera de hora, y ahí conviene leer bien las señales. Que tu jefa te escriba un domingo no significa necesariamente que espere respuesta ese día; mucha gente escribe cuando le viene bien y da por hecho que se contestará el lunes. Si no lo tienes claro, preguntarlo directamente es aceptable y no queda mal. En Ontario, además, la ley obliga desde hace unos años a las empresas de cierto tamaño a tener una política escrita sobre desconexión digital, así que la respuesta a esa duda suele estar por escrito en algún sitio. Vale la pena buscarla antes de coger la costumbre de contestar a medianoche.