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De B2 a C1: qué has conseguido y qué falta de verdad
Conviene terminar el año con una medida honesta. La escala europea, el Marco Común de Referencia o CEFR, tiene seis niveles: A1 y A2 son el usuario básico, B1 y B2 el independiente, C1 y C2 el competente. Si has trabajado los ciento cuatro diálogos de estos dos años, estás en territorio B2: entiendes lo esencial de textos complejos, puedes discutir tu especialidad, y te manejas con nativos sin que ninguna de las dos partes tenga que esforzarse demasiado. No es poco. B2 es el nivel que piden la mayoría de las universidades para admisión de grado y muchas empresas internacionales para contratar. Ahora la parte incómoda. Entre B2 y C1 hay un tramo largo y conocido, al que los profesores llaman el estancamiento del B2, y tiene una causa concreta: hasta aquí cada lección añadía una estructura nueva y el progreso se notaba cada semana; a partir de aquí ya no queda gramática nueva que aprender y el avance depende de acumular volumen. Lo que mueve de B2 a C1 es leer mucho y variado, escribir largo y con corrección, escuchar sin subtítulos hasta que deja de costar, y ampliar vocabulario en las decenas de miles de palabras. Es más lento, se nota menos y por eso mucha gente se queda ahí. Si necesitas acreditarlo, hay exámenes y conviene elegir según el destino. El Cambridge C1 Advanced certifica exactamente ese nivel y no caduca. El IELTS se mide en bandas y es el más usado en Reino Unido, Irlanda, Australia, Nueva Zelanda y Canadá, con una versión académica y otra general; aproximadamente, la parte alta de las bandas intermedias corresponde a B2 y las superiores a C1. El TOEFL es el más habitual para universidades estadounidenses. Canadá acepta además el CELPIP para inmigración y puntúa en su propia escala, los niveles CLB; Australia acepta también el PTE Academic. Para trámites migratorios, comprueba la equivalencia exacta que pide el programa antes de pagar la tasa, porque cada uno fija sus mínimos y no siempre coinciden con las equivalencias generales. Y un consejo final que vale más que cualquier examen. Lo que de verdad distingue a quien llega a C1 no es el método, es el hábito: media hora diaria durante años gana a cualquier curso intensivo. Elige material que te interese de verdad —un pódcast, una serie, un autor, el sector en el que trabajas—, y acepta entender el ochenta por ciento sin pararte a mirar cada palabra. Y busca ocasiones de producir, no solo de consumir: escribir un resumen semanal de algo que hayas leído, o explicarle a alguien lo que has aprendido, hace más por tu inglés que diez horas de ejercicios. Es exactamente lo que dice Javier al final del diálogo: lo que has aprendido se fija de verdad cuando se lo explicas a otro. Hace un año alguien le escribió una lista; ahora le toca a él. Y el tercer año de Javier no será en Toronto. La empresa lo envía a pasar una temporada en cada una de sus oficinas de Londres, Dublín, Sídney, Singapur, Bangalore y Nueva York antes de volver. El tramo de B2 a C1 lo va a recorrer en seis ingleses distintos, con otros acentos, otras palabras y otras reglas no escritas, y lo que acabamos de decir que falta lo irá encontrando por el camino.