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Hablar de dinero: Canadá, Estados Unidos y Reino Unido
El consejo de Dana descoloca a mucha gente que llega de España o de Latinoamérica, donde la banda salarial suele aparecer pronto en el proceso. En Norteamérica la costumbre es la contraria: se espera que el candidato saque el tema y que negocie la primera oferta. No negociar no te hace parecer modesto ni fácil de tratar; simplemente te deja con la cifra más baja que estaban dispuestos a pagar, y quien te contrata suele dar por hecho que ibas a pedir más. Conviene saber que esto está cambiando por ley. Varias provincias canadianas y bastantes estados de Estados Unidos —California, Colorado, Nueva York, entre otros— obligan ya a publicar la banda salarial en la oferta de empleo, y en Ontario esa obligación ha ido entrando en vigor para las empresas de cierto tamaño. Si la ves publicada, pedir por encima del máximo es tiempo perdido; si no aparece, preguntar es lo normal. El Reino Unido está en un punto intermedio: muchas ofertas publican la banda, negociar es aceptable pero se hace con más rodeos, y hablar de tu sueldo con compañeros se considera bastante más incómodo que en Estados Unidos, donde una generación más joven ha convertido la transparencia salarial en casi una reivindicación. En Australia el sueldo suele publicarse en el anuncio y se habla de él sin demasiado drama. Hay un tabú que sí es común a casi todo el mundo anglosajón: preguntarle directamente a un conocido cuánto gana. Se pregunta por el sector, por el rango, por lo que paga un puesto — «what does that kind of role pay?» — pero no por la nómina de la persona que tienes delante. Y una advertencia práctica: en varias jurisdicciones es ya ilegal que te pregunten cuánto cobrabas en tu empleo anterior, precisamente para que una cifra baja no te persiga de trabajo en trabajo.